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MI VIAJE POR BUZIOS

Búzios es el destino ideal no sólo para los clásicos luna-mieleros o honey-mooners sino también para familias con hijos. La clave está en ir en la temporada baja para aprovechar no sólo los buenos precios en los más de 400 hoteles que inundan la península sino también para disfrutar de sus 23 playas sin tanta gente alrededor.

Con mi marido y mi hija de 5 meses planificamos nuestras vacaciones de 1 semana en Búzios y partimos vía TAM con vuelo directo a Rio de Janeiro. Sinceramente no me imagino cómo hace la gente que hace escalas. Con una bebita tan chiquita recomiendo vuelo directo. Toda la vida. En 3 horas llegamos al aeropuerto.

Teníamos la duda de si el transfer que estaba incluido en el paquete estaría efectivamente esperando en la salida. Por suerte todas nuestras dudas menguaron cuando vimos un cartel con nuestro nombre. El empleado de “Mister Tours”, la empresa que se encarga de los servicios de transfers y de algunos city tour en Búzios, nos pidió que aguardáramos porque aún teníamos que esperar a otros pasajeros. Luego de una hora y del clásico “café da manhá” brasilero nos dieron la señal junto con otros turistas de subirnos al ómnibus de Mister Tours. Nos esperaban 3 horas más de viaje. Pero a esa altura ya estábamos encaminados y muy ansiosos por conocer el paisaje.

La geografía de Río de Janeiro es increíble con sus montañas y sus ríos por doquier. Aunque lamentablemente contrasta con sus miles de favelas o villas miseria al costado de la ruta. Una realidad que nos acompañó en casi todo el viaje hasta Búzios.

En la mitad del camino el conductor hizo una parada de 20 minutos en un mini shopping de la ruta y sin dudarlo nos bajamos para comer algo. Nos devoramos unos sándwiches de “presunto”. Eso porque todavía no sabíamos lo que eran los “pao de queixo”…, una de las exquisiteces brasileras que más adelante descubriríamos en los desayunos del Colonna Park Hotel.

La segunda mitad del viaje fue muy divertida. En la parada se nos sumó un nuevo pasajero: Rodholfo. Un guía turístico de la compañía de transporte quien nos puso al tanto de todo lo relacionado a la península: restaurantes, praias, alquiler de buggys y de autos, city tours, etc. Muy pero muy interesante y sobre todo informativa. Nos repartió mapas de Búzios y nos fue contando una por una las praias y sus características. Y por sobre todas las cosas hizo hincapié en que Búzios es muy seguro para los turistas y que uno puede salir a caminar tranquilo. A diferencia de Rio o Sao Pablo, las grandes ciudades, que son famosas por su inseguridad. Como dicen en Búzios, el que no trabaja es turista. No hay lugar para otra cosa.

Luego de recorrer casi toda la península dejando a los otros turistas en sus respectivos hoteles, llegamos a nuestro querido Colonna Park, emplazado sobre la playa João Fernandez y João Fernandinho. Un lujo de hotel. En todo sentido. Por empezar, fuimos muy bien recibidos por Jairo, el encargado del hotel quien nos consiguió una de las mejores suites del Colonna Park. Nos quedamos sin palabras cuando entramos a la habitación. Una vista panorámica hacia la playa João Fernandez desde una terraza enorme. El baño, con un mega jacuzzi con ventanal hacia la misma vista. Vestidor, mini living y un amplio espacio para descargar las valijas, coche de la niña y demás menesteres del viaje. Impresionante.

Lo primero que se nos ocurrió fue sacar la máquina de fotos para congelar ese momento. Luego de casi 13 horas de viaje desde que salimos de Capital Federal nos dimos un buen baño para conocer una de las mejores praias de todo Búzios: João Fernandinho. Desde el hotel se puede acceder directamente a esta playa a través de una escalera un poco empinada pero súper cómoda por la cercanía a la habitación.

En Búzios está repleto de gente que te ofrece sillas y sombrillas a cambio de que consumas algo o almuerces. Asique allí estaban los brasileros esperando que bajáramos las escaleras para atendernos. Nos fuimos debajo de la sombra del árbol para cuidar a la niña del terrible sol y ya se dispusieron a vendernos una caipirinha para pasar el rato.

Como buenos turistas primerizos en Búzios caímos en TODAS. Si, en todas. No supimos decirles que no a nada asique les hicimos el día a ellos y nos fundimos un poco nosotros. Digamos que el cambio a pesos argentinos no nos favorece bajo ningún aspecto. Pero bueno, estábamos ahí para disfrutar y era nuestro primer día. Nada podía aguar ese momento. Mucha caipirinha por 10R, peixe recién pescado con batatas fritas y ensalada de almuerzo por 25R c/u y varios vendedores ambulantes que se te imponen con sus mantas y sus tatuajes completaron el primer día en Búzios. Terminamos agotados. Después del largo viaje y de la emoción de estar en un lugar paradisíaco, el cansancio llega si o si. A dormir y a recuperar fuerzas para aprovechar el resto de la semana al máximo.

El segundo día en Búzios fue muy movido. Alquilamos un buggy, el clásico transporte de la zona, que justo estaba en promoción. Pagamos 2 días y lo usamos 3. Por 60R el día. Con niña y todo nos subimos al diminuto jeap brasilero y nos lanzamos a conocer otras praias. La primera opción fue la praia Ferradura.

Por suerte en Búzios todo queda muy cerca y los viajes son cortos. No es un dato menor porque hay tanto empedrado y pozo que saltás como un beduino. Y con niña en brazos, peor. Asique para la próxima ya decidimos alquilar un auto si o si aunque salga más caro. El viento también pega fuerte y en el buggy es difícil atajarlo con los plásticos que hacen de ventana. En fin, llegamos a la playa Ferradura con la primera mala impresión y experiencia de que no había ningún lugar para estacionar que no sea pago. Todos los brasileros se te venían al humo para ofrecerte un espacio. Un malhumor terrible. Nosotros sólo queríamos bajarnos a conocer la playa y ya nos querían cobrar sin bajarnos. Casi nos vamos. Al final decidimos lucharla y le dijimos que bajábamos por unos minutos a conocer la playa y que no podían cobrarnos por eso. Y así fue. Muy linda Ferradura con su extensa costa con la posibilidad de hacer una agradable caminata. El agua muy tranquila y poco viento. Mucho restaurante y se nota que es el lugar donde se junta la gente joven.

Otro día fuimos a conocer la Playa Tartaruga, famosa por su agua caliente y por el paisaje. La verdad que es muy linda. La macana es que para acceder a la praia hay que estacionar el auto o buggy unas 2 cuadras antes y si o si hay que hacerlo caminando. Obviamente te cobran el estacionamiento 8R la estadía. Terrible los brasileros con el tema de lugar para estacionar. Todo te lo cobran.

Volviendo a la praia Tartaruga se diferencia porque tiene una seguidilla de bares y restaurantes bien rústicos que mantienen intacto el estilo más primitivo de la playa con sus techos de paja y todo en madera. El agua es un poco más sucia que el resto porque está llena de algas. Para los chicos es ideal porque hay muchas piedras donde jugar y se divierten gratis.

Pero sin lugar a dudas una de las playas que más nos gustó fue João Fernandez. Fuimos casi todos los días. No sólo uno podía disfrutar de la vista de la Bahía sino también de la inmensidad del mar abierto. Espectacular. La praia también cuenta con algunos bares que se pelean porque ocupes una sombrilla y consumas. Nosotros elegimos el que nos quedaba más cerca del hotel: Bar do Nego. La gran mayoría de la gente, más que nada los locales, piden un coco como excusa de consumición. Es muy barato porque sale unos 3R y de paso tenés silla asegurada. El agua del coco es horrible. Bahhh…, no tiene gusto a nada. Pero te cobran el doble por pedir gaseosa u otra cosa.

Igualmente los brasileros le dan a la cerveja de lo lindo asique era moneda corriente verlos con las copitas de esta bebida. Para almorzar sin lugar dudas la opción más inteligente es comprar sándwiches o empanadinhas a las vendedoras ambulantes. Es económico y rico. Para quienes desean darse un lujo, no hay nada como comer una langosta recién pescada. En João Fernandinho te ofrecen todo tipo de pescado fresco y lo hacen asado en el momento. Un lujo de verdad. Más de uno se queda con un poco de hambre después de la langosta. Nada que una buena caipirinha no pueda disimular.

Un tema aparte son los vendedores ambulantes que circulan por la playa. Después de una semana en el mismo lugar ya nos conocíamos los nombres de cada uno. Deben ser las personas más cabezas duras del planeta. Increíble. Nunca se cansan de ofrecerte lo mismo todo los días. Y obviamente con descuento y todo, de alguna u otra forma, logran su cometido: le terminás comprando algo seguro. No hay tutía. Es así.

El centro de Búzios es lindísimo. Recomiendo hacer caminatas por la costanera a la tardecita y ver el atardecer increíble que nos regala esta parte del mundo. Todas las fotos que sacamos parecían copiadas de una postal. De verdad. Espectaculares. El guía turístico nos había advertido que sobre la RUA DAS PEDRAS todo es muy caro y que en la calle paralela podíamos encontrar todo mucho más barato. Tal cual. Nos llevamos una muy grata sorpresa en el bar “Bahamas” donde descubrimos el “Acaí”. Una fruta tipica de Brasil que te la sirven bien helada y que tiene gusto a chicle. Imperdible. Ni hablar si viene acompañada por un “pao de queixo”. Otra exquisitez. Asique con “acaí” en mano recorríamos las callecitas de este centro de pescadores que parece sacado de un cuento de fantasía.